Temporadas en las que es necesaria la ayuda de un fisioterapeuta

Es verdad que hoy en día cualquier clase de trabajo al que nos refiramos nada tiene que ver con los que antaño hacían nuestras madres y abuelas, pero he de reconocer que trabajar en un hotel te puede llevar a cansar mucho más de lo que te imaginas. Es sin duda el trabajo más estable que conozco para los temporeros como yo, me refiero a que todos los años sé que puedo contar con un puesto de trabajo, cuando llega la primavera me aseguro un buen sueldo todos los meses y unos ahorrillos que me ayudan a pasar el frío y largo invierno. Parece que no pero así es como llevo viviendo muchos años y nunca he tenido problemas de supervivencia, siempre he ganado lo suficiente para poder vivir de manera desahogada, eso sí en mi espalda pesan muchas más horas de las que os podéis imaginar, muchas horas de limpieza sin descanso y de aguantar a mucha gente de muchas maneras, ya se sabe en un hotel como pagamos pensamos que estamos en nuestra casa, la única diferencia que con criadas.

Son muchas las habitaciones que sola he debido sacar adelante, muchos pasillos, escaleras, cuartos de baño y demás estancias del hotel, evidentemente el cuerpo se habitúa al esfuerzo y al trabajo, llega un momento en el que el cansancio ya pasa a segundo plano y es casi la inercia de tu cuerpo la que hace que lleves todo adelante. En tiempos de temporada alta son muchas las noches sin dormir, muchas clinicas fisioterapia que visitar y muchos calmantes que tomar en busca del descanso y de que el dolor pasase lo antes posible. La verdad que llega un punto en el que te das cuenta que si no fuera por la fisioterapia no podrías seguir adelante, la ayuda de manos profesionales que saben dónde deben tocar en el momento exacto no tiene precio, miles de masajes que te ayudan a que esos dolores no sean tan malos te hacen plantearte que si no fuera por ellos no podrías dedicarte a este trabajo. Menos mal que cuando llega la temporada baja como ahora puedo disfrutar de un tiempo de descanso y recuperar las fuerzas, porque en cuanto me quiero dar cuenta me toca coger un avión y seguir atendiendo a toda esa gente que merece como yo unas merecidas vacaciones.