Cuando llega el momento

Es triste reconocerlo, pero tenemos fecha de vencimiento, es como una fecha de caducidad que adquirimos al nacer y que en un momento u otro de la vida nos llega. Es ley de vida que nuestros mayores mueran antes que nosotros, empezando por los abuelos y continuando por los padres, los tíos… y así es como una cadena en la que no sabremos quién será el último.

Cuando esto ocurre, cuando muere un familiar, un abuelo por ejemplo, debemos de poner todas sus cosas en orden. Con un poco de suerte habrá un testamento que resolverá el tema de las herencias y los papeleos que esto conlleva de no ser así habrá que llamar a un abogado  que se encargue de las herencias.
Sea cual sea la situación en la que murió la personas seguro que tiene la casa llena de efectos personales, lo mejor ante estos casos es donar todo lo que se pueda a la beneficencia, ya que hay organizaciones que se encargan de repartir entre los más necesitados todo lo que consiguen y llega a sus manos.

Lo ideal es hacerse con una máquina destructora de papel fellowes para poder destruir todos los documentos que tuviera el buen hombre en su domicilio, esto no quiere decir que nos deshagamos de todo, sino  que destruyamos todo lo que pueda ser comprometido como documentos en los que aparezca la cuenta bancaria, los datos médicos y todo lo referente al difunto. Dejaremos sin embargo bien organizado en una carpeta toda la documentación que pueda ser de interés en el reparto de la herencia como pueden ser papeles de coches, escrituras de casas o de terrenos y todo lo que pudiera ser del abuelo que tuviera algún valor monetario.

Las penas con pan son menos, eso decía mi abuela, pero cuando se trata de la perdida de una persona querida por ti, las penas no se curan con el pan, se curan con el tiempo, se curan con los recuerdos, los buenos recuerdos y con la promesa de no olvidar jamás a la personas que tan importante fue en tu vida.
Es triste reconocerlo pero cuando nos llega la hora del adiós, todos nos volvemos mas egoístas y no queremos soltar a la persona que se va, sobre todo si es en una fecha señalada como puede ser la navidad o alguna celebración señalada.