Un regalo especial en navidad

Eres reticente, no estás muy de acuerdo, la verdad es que no te hace ninguna gracia, pero tu hijo lleva ya pidiéndote un tiempo una moto. Tú no tienes nada en contra de las motos, pero siempre les has guardado un cierto recelo, un cierto respeto que no consigues obviar y menos ahora que te estás plantando comprar una moto a tu hijo.

Lo mejor es que te pares y le hagas la visita el siguiente enlace, así conseguirás ver precios y todo lo que necesitas saber sobre el mundo de las motos. Vas a comprar una moto de segunda  mano porque aunque quieres a tu hijo con locura, tu bolsillo no quiere tanto, así que tendrá que conformarse con una de segunda mano y cuando vaya fallando que la valla arreglando, de este modo también aprenderá a ser responsable y a administrar las riquezas, así aprenderá a usar los desguaces de piezas de motos y a apañarse con lo que tenga enfrente y pueda permitirse.

La verdad es que el muchacho no ha pedido nunca nada del otro mundo, quiere una pequeña moto para poder desplazarse hasta la universidad, así evita tener que levantarse dos horas antes para poder coger todos los trenes que utiliza habitualmente. Un trayecto en el que tarda más de una hora con la moto lo podrá hacer en poco más de quince o veinte minutos, es algo digno de considerar.

Le has hachado el ojo a una moto verde que había en le desguace y que parece la más segura de todas porque es la que menos arañazos tiene, o es eso o es que su anterior duelo era una chica y la ha cuidado mucho  más que un chico. Esa te gusta además tiene un precio considerable y que es adecuado a tu economía ya apta para tu presupuesto. La verdad es que si por ti fuera tu hijo se iba a hartar de trenes, pero debes de darle un poco más de libertad a aunque a ti te asuste un poco, y la moto, la primera moto otorga eso, libertad, madurez y mucha responsabilidad y eso es lo que todos los padres queremos que nuestros hijos de diecisiete años tengan, Si lo vas a conseguir con una moto pues adelante, este año ya tienes el regalo de Navidad, solo falta poner le un gran lazo rojo para que sea perfecto.

Mesa servida con refranes

Establecer pláticas con amigos y familiares es muy placentero, además es algo que conviene para fortalecer los lazos con esos seres queridos. Poder cruzar unas palabras y saber cuál es el acontecer de los demás, demuestra el interés que se tienen los unos por los otros. Entre las mejores ocasiones para dialogar está ese momento en el que compartimos los alimentos.

Desde que se realiza el proceso de elaboración de la comida podemos ser partícipes de la preparación o simplemente acompañar a los cocineros, y mientras tanto ir charlando. Y después de devorar los platillos, con un buen vino en la mano, le podemos dar largas a la sobremesa con una cháchara alegre, contando anécdotas, chistes y sacar a relucir unos cuantos refranes.

Y como estamos hablando de comida, a continuación algunos refranes relacionados o que hacen alusión a este tema:

“Tripa vacía, corazón sin alegría”, quién no se ha sentido decaído cuando tiene hambre, esa condición no solo afecta el funcionamiento del organismo sino que también afecta la condición anímica. Así que, más vale darle prioridad a la comida si nos queremos mantener con una amplia sonrisa.

“Uvas y queso saben a beso“, este refrán se refiere a esas combinaciones que nos hacen alucinar por lo increíble que funcionan algunas cosas juntas. Por ello, se compara con el beso, un acto sublime que gusta a cualquiera, claro está, con alguien que realmente le agrade.

“Pan con pan, comida de tontos”, en cambio este dicho ejemplifica lo que no combina bien, o no despierta ninguna atención porque no encierra ningún sentido lógico. Por ello, quienes insisten en algo absurdo como ese tipo de comida, se les consideran tontos. Especialmente si tienen la oportunidad de hacer otro tipo de combinaciones.

“Ni en la cama ni en la mesa, es útil la vergüenza”, hay situaciones en las que no conviene ser recatados si queremos disfrutarlas al máximo. No importa cómo nos vean los demás, lo que interesa es que seamos nosotros mismos y que nos sintamos plenos con lo que hacemos y con quien estemos. La vergüenza para otras ocasiones.

“Menos mantel y más comer”, esto aplica sobre todo a esos restaurantes lujosos que adornan exquisitamente la mesa, y es muy protocolar, pero se tardan mucho en servir el pedido, haciendo que el hambriento se desespere.

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